El auge en los últimos años de las maras
(pandillas), que se han convertido en la principal amenaza a la
gobernabilidad en Centroamérica, tiene su origen en la emigración a EU.
Junio - 2006
Sus orígenes, en la ciudad de Los Ángeles
El origen de la " MARA Salvatrucha" o MS-13 y la Mara 18, los principales grupos pandilleros
centroamericanos, se remonta a la década de 1980, cuando cientos de
miles de inmigrantes salvadoreños llegaron a Los Angeles huyendo de la
guerra en su país (1980-1992).
Estas pandillas surgieron en las
calle 13 y 18 de Los Angeles para dar una repuesta defensiva ante otros
grupos de diferentes etnias, con los que se disputaban la defensa del
"territorio", bien una zona o un barrio.
Tras
la firma de los acuerdos de paz en 1992 en El Salvador, EU ordenó la
deportación de miles de jóvenes salvadoreños de origen, pero nacidos y
criados en el país del norte, que fueron los que implantaron las
pandillas en los países centroamericanos.
Los jóvenes deportados
son los que organizan las pandillas reclutando adolescentes en los
países centroamericanos a los que enseñan sus ritos, estilo de vida y
modo de vestir y tatuarse, aprendidos en EU.
Pero la mayoría de los cabecillas de las pandillas siguen estando en EU
y ellos son los que en muchas ocasiones transmiten las órdenes y
consignas a Centroamérica.
Así arranca el fenómeno que tiene en
vilo a esta región y que se está expandiendo a otros países del
continente, e incluso ha llegado hasta España, donde ya han surgido
bandas conectadas con las maras.
El principal caldo de cultivo
de las pandillas, que están integradas por más de 100 mil jóvenes en
Centroamérica, de ellos, 40 mil en Honduras, 60 mil en Guatemala y unos
10 mil en El Salvador, es la pobreza y la exclusión.
Los
pandilleros se caracterizan, externamente, por llevar tatuada su
afiliación de manera elocuente o alegórica, coronar sus cabezas con
pañuelos y usar un lenguaje cifrado de palabras y señas.
Se
trata de jóvenes, de entre doce y 25 años, sin oportunidades laborales
ni educación, que viven en áreas periféricas y marginales de las
ciudades.
La desintegración de miles de familias
centroamericanas a causa de la emigración de los adultos a EU, también
favorece que los jóvenes se enrolen en las pandillas.
Si bien
las remesas de los millones de centroamericanos que emigraron a EU y
que en 2005 alcanzaron los 8.446 millones de dólares suponen un aporte
vital para la economía de sus países, también representan un alto coste
social por el drama humano de la separación de las familias.
Aunque
las maras se dedican, principalmente, al robo y al tráfico de drogas y
armas en pequeña escala, las autoridades centroamericanas también les
acusan de tener conexiones con el crimen organizado y de la mayor parte
de los hechos de violencia que se registran en sus países.
En los últimos años, la magnitud de las pandillas ha
alcanzado tal proporción que se han convertido en una prioridad para
EU, que actualmente coopera con las autoridades de Guatemala, El
Salvador y Honduras en el combate a estos grupos.
Pero la
política de "mano dura" contra las maras que mantienen los gobiernos de
Guatemala, Honduras y El Salvador y que ha llevado a miles de
pandilleros a las cárceles no logra reducir la violencia.
En
2005, en Guatemala han muerto víctimas de la violencia más de 5,200
personas; en Honduras, 2,349, mientras que en El Salvador se han
registrado más de 3 mil asesinatos.
Para diversos expertos, las
políticas represivas aplicadas por los gobiernos de la región no sólo
no solucionan el problema sino que lo agravan.
Ante el avance
imparable de las maras, organismos de derechos humanos consideran que
la políticas más eficaces son la prevención y la rehabilitación de los pandilleros.
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