¿Cómo se
puede explicar el brillo del intelecto?
¿Cuando
rotos los esquemas tu nombre causa silencio,
el silencio
que se rompe cuando surges de la sombra
para darnos
tu primera tradicional bendición?
De un
trabajo colectivo de diversos organismos,
de un
estudio penetrante, de un análisis profundo,
naces como
una propuesta y posible solución,
al problema
de la santa y cristiana religión.
Un sonido
de campanas recorre calles inciertas
y el frío
con la miseria se remplazan entre sí.
Es un caos
la certeza, el contacto se ha perdido,
la
humanidad no responde con el dador de la luz.
La rutina
siempre es dura, en vano hay que resistirse,
por
experiencia se dice: "Nada de hoy es como ayer".
El dolor se
multiplica con amenazas de guerra,
con
violencia de posguerra, en el afán de vivir.
La fe que
nace del caos refuerza tu vocación
y refleja
tu presencia un acto de transparencia,
en tus
proyectos y viajes al contacto de los fieles,
con
absoluta licencia e indudable autoridad.
Presentas
los evangelios cual fuente de salvación,
como la
fuerza sublime y potencia verdadera;
sirviéndonos
tu experiencia, tu lacerada existencia,
tu
excepcional trayectoria, tu carisma personal.
Para los
seres que marcan su paso por este mundo
ejerciendo
un ministerio con autoridad moral,
está esa
fuerza sublime y potencia verdadera
destinada a
sostenerlos en terreno material.
Proporción
que se reduce para luego agigantarlos,
elevándose
en la esfera de su campo espiritual;
la
eucaristía se encarna, promete ser abundante,
la cultura
y evangelios se unen, pidiendo paz.
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