Padre de
familia sois
y por eso,
yo os canto;
en vuestro
honor me levanto
y le doy
gracias a Dios.
Porque le
habéis hecho frente
a
situaciones penosas,
muchas
veces tormentosas
y allí
estáis, siempre valiente.
Le
agradezco al Dios Eterno
que os
propicia alegría
en la
inmensa algarabía
que por
poco es un averno.
Aunque el
día fue pesado
y la
jornada nebulosa,
sabéis que
os espera ansiosa
la sonrisa
del buen hado.
¿Cómo domináis ese arte
que logra hechos admirables;
que se tornan comprensibles
ligados a vuestra suerte?
¿Acaso os valéis de la magia
o de una clave especial?
Decidme. ¿Es convencional
o el Gran Ser os privilegia?
Mejor no me digáis nada,
seguid siendo un buen ejemplo
y en cada hijo habrá un templo
como a imagen consagrada.
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