La comunión de los pueblos
se comienza a vislumbrar,
la calamidad del mundo
les hace reaccionar.
Con los golpes ancestrales
de tambores africanos,
se afirman en la estructura
del caudal amerindiano.
El compendio de una raza
que asegura su camino
con sudor y con fatiga,
que le ha marcado el destino.
El pliegue de las banderas
se encadena en la batalla,
pues humillan al migrante
construyéndole murallas.
Ellos no son criminales,
ellos son gente de paz:
quieren ganarse la vida,
es una raza tenaz.
Y la tristeza del mundo
ya no se puede ocultar,
la América de los indios,
se tiene que rescatar.
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