Tu nombre y tu conciencia, bien nombrados,
se expresan en palabra lisa y llana,
por ese gran amor que nos has dado
con sencillez y fuerza sobrehumana.
En esta fuente del sagrado canto,
donde arrullas mensajes de la luna,
bendecimos tu voz, que con encanto,
armoniza canciones oportunas.
A través de tus gestos aprendemos
lo muy desconocido de la vida;
con singular ternura comprendemos
que no puedes pasar inadvertida.
Hilando el verso que mejor te encuadre,
se teje nuestro propio beneficio
¡Por siempre bendecida seas, Madre!
Procúranos en tanto tus auspicios.
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