Armado de
ternura y sentimiento,
triunfante
en el terreno del honor,
virtuoso,
por herencia y nacimiento,
mi padre es
dulce ejemplo del amor.
De juicio
muy prudente y reflexivo,
discreto,
atinado y previsor;
me asombra
su cordura, su sentido...
¡Se
enfrenta a los problemas con valor!
Acepta, con
franqueza, desafíos
que la vida
ordinaria le lanzó,
sin existir
para él miedos ni fríos
¡Qué
inmensa suerte, la que Dios me dio!
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