El verso
que parte el alma
para
cantarte lo escojo
y aunque
respiro con calma,
de
quebrantos me despojo.
Me oprime
la lejanía,
signo de
dolor y llanto,
te abrazo
en mi pesadilla
y de mi
lecho me levanto.
Desentierro
a cada instante
la urna de
tus abrojos
y este
navegar constante
estimula
mis arrojos.
Agonizan
mis tormentas
cerca de
tus manantiales
soportando
las afrentas
que son
causa de mis males.
Sigo en mi
vagamundear
abrigando
la esperanza
de poderte
acariciar,
y es
castigo la añoranza.
Para
ordenar mi extravío,
busco tu
paisaje en flor,
que calma
mi desvarío,
ámbito
pleno de amor.
Puedo
rescatar así
mis
orígenes aldeanos,
el lugar
donde nací,
desde un
ventanal lejano.
Mis
lágrimas se derraman
sin
despertar a la gente,
las penas
que en vano claman,
a otros son
indiferentes.
La idea de
combatir
la pobreza
en su corriente,
la deben de
concebir los
guías de
continentes.
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