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Ocho
de cada 10 salvadoreños que reciben dinero de sus familiares
inmigrantes en Estados Unidos ni piensan en invertir en algún negocio.
No tienen ninguna duda que ese dinero sirve, según lo acordado con sus
familiares, para comprar la comida, pagar la escuela y comprar
medicinas cuando las necesitan.
Sesenta y siete de cada cien salvadoreños y 69 de cada cien mexicanos gastan las remesas en “comida o consumo básico”.
Sólo el 1 por ciento de los salvadoreños proyecta
invertir el dinero recibido en construir una vivienda, según una
encuesta publicada ayer por el diario La Opinión, con base en el
estudio “Comportamiento de las remesas de los inmigrantes y sus
consecuencias de desarrollo para México y El Salvador”.
La encuesta fue realizada por el Instituto de
Política Tomás Rivera de la Universidad de California de los Estados
Unidos, a 800 inmigrantes latinos, mexicanos y salvadoreños.
¿Fuente de inversión?
Rodolfo De la Garza, investigador de la Universidad
de Columbia en Nueva York, dijo que esta investigación desmiente a los
gobiernos receptores de ese dinero, quienes ven las remesas como una
fuente de inversión en el país.
“Pero no es así”, asegura De la Garza en el informe,
“porque en realidad es una mínima parte lo que se invierte en
actividades con fines económicos. ¿Cuánto? Casi nada, de hecho el
porcentaje no es significativo para la cantidad de dinero que se envía”.
El estudio encontró que los salvadoreños envían un
promedio de 1,664 dólares anuales, mientras que los mexicanos unos 900
dólares cada año.
Los enviadores de remesas no son precisamente los
que ganan más: sus ingresos varían de 15 mil a 24 mil 999 dólares
anuales. Quienes no envían ganan arriba de 25 mil dólares.
No confían
En un esfuerzo por encontrar las motivaciones que
tienen los salvadoreños y mexicanos para enviar remesas, el estudio
asegura que quienes tienen un grado menor de educación tienden más a
enviar remesas para salud que los que tienen más educación.
Y ello se generaliza. “Los inmigrantes salvadoreños
con más educación, sin embargo, tienden menos a enviar remesas para la
manutención familiar que los que tienen menos educación”, reza el
informe.
Esta relación entre su propio desarrollo y envío de
remesas incluso se reproduce cuando los investigadores vinculan el
envío de ayuda con la habilidad del inmigrante para hablar inglés.
“En el caso de los mexicanos, quienes no hablan
inglés tienden a enviar más dinero para la salud y educación. Y los
salvadoreños que hablan inglés tienden a enviar más remesas para comida
y menos para educación”, reza la investigación.
Pero la educación y el conocimiento del inglés
parece no estar relacionado según la percepción de los latinos. Según
la encuesta, los salvadoreños y mexicanos objeto del estudio
simplemente no envían dinero para proyectos comunitarios o productivos
porque no confían o no lo consideran importante.
La investigación lo resume: “Ellos prefieren enviar
fondos directamente a las familias o amigos, o porque ellos no creen
que el dinero va a ser bien invertido o porque no consideran importante
contribuir en esos proyectos”.
Actualmente el reporte del TRPI es el único en su
tipo que analiza los destinos de las remesas, principalmente a México y
El Salvador, y fue elaborado para ofrecer a organizaciones
comunitarias, políticos, autoridades, analistas y agencias
internacionales, información que les ayude a establecer programas
reales para el desarrollo económico y social de las comunidades.
Los autores sugieren que los gobiernos de
Latinoamérica en general, y los de México y El Salvador en particular
(los que más remesas familiares perciben, más de $60 mil millones
anuales), deben 'desarrollar políticas creativas que tomen en cuenta la
conducta de remisión de dinero de estos inmigrantes
FUENTE: El Mundo (El Salvador). 2005-03-02
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