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Los
salvadoreños llevan más de dos décadas mirando hacia el norte, la
inmensa población inmigrante de este país tiene como destino los
Estados Unidos, aunque también migran a otros países. Algunos
investigadores señalan cuatro grandes momentos en la historia de las
migraciones de El Salvador:
1.ª etapa 1929-1969
La mayoría de los migrantes salían del país impulsados por la falta
de acceso a la tierra y oportunidad de empleo. Los países de Centro
América eran el destino principal.
2.ª etapa 1970-1979
El desempleo, los inicios del conflicto armado y el duro panorama
político impulsaron la migración. El flujo de migración se empieza a
orientar más a los Estados Unidos.
3.ª etapa 1980-1991
En estos años, el país experimentó los momentos más difíciles del
conflicto armado. Estados Unidos y países europeos dieron facilidades
de asilo político. Se incrementaron las migraciones indocumentadas a
los Estados Unidos.
4.ª etapa 1992-2005
Son varios factores los que impulsan la migración: la desaceleración
económica, la crisis de la rentabilidad de la agricultura, las
catástrofes naturales y el aumento de la violencia delincuencial.
Jesús Aguilar, representante de CARECEN, una organización que
trabaja a favor de los inmigrantes, afirmó que “Si no se toman las
medidas justas pronto, este país quedará vacío, porque las
oportunidades sociales, económicas, políticas y culturales además del
progreso, no se obtienen acá, sino en el extranjero. Las autoridades
pueden comenzar por reducir los 700 salvadoreños que se van
diariamente”.
Según el Informe del Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD), las remesas que los migrantes envían a sus familias,
son mucho más que una ayuda. Sin ellas, la pobreza en El Salvador sería
6.7% más alta. Los datos de la investigación referida, muestran que sin
remesas el 41.2% de familias estaría en situación de pobreza, mientras
que con ese flujo de dinero 34.5% de los hogares es considerado pobre.
El 90.2% de los hogares que reciben remesas tiene electricidad, en
comparación con el 76.5% de los que no las reciben. Según este mismo
Informe, el 80.5% de las remesas es usado en consumo, el 6.6% en gastos
educativos y el 4.8% en gastos médicos. Además, un 5.6% se destina al
ahorro. Sin embargo, un estudio de la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL) presentado también hace pocos días, afirma
que las remesas reducen la pobreza solo en 2.2% en este país.
El director del PNUD, Beat Rohr, declaró: “Hay una necesidad de un
nuevo modelo de crecimiento, porque las remesas de los salvadoreños
podrán ser fuente de oportunidades, pero no son motor del desarrollo
local. Se debe buscar las mejoras socioeconómicas y reformular
planteamientos para la migración indocumentada”.
El hecho migratorio ha cambiado, en el pasado los emigrantes, la
mayoría de ellos, viajaba con sus familias y buscaban integrase
totalmente en sus ambientes de destino, se producía una ruptura
prácticamente total de sus antiguas relaciones de vida, hoy se van,
casi siempre, solos, dejando hijos, pareja, familia nuclear. El Informe
del PNUD, nos revela un aspecto relacionado con esta arista
socio/cultural muy importante. Dice la investigación que, los
emigrantes salvadoreños no quieren desprenderse de lo suyo y que están
preocupados por mantener los lazos familiares. La mejor prueba de ello
son las remesas y los viajes constantes de visita al terruño.
Las autoridades salvadoreñas y la sociedad civil, tienen un gran
desafío: crear vínculos más estrechos con la población migrante, y
procurar a los se quedan en el país, las prerrogativas sociales y
oportunidades económicas que permitan su desarrollo integral.
Fuentes: La Prensa Gráfica – Diario Co Latino. 2005-12-05
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